Un reciente estudio desarrollado en Australia denominado RESIST sobre la alimentación de los adolescentes en riesgo de padecer diabetes ha concluido si una idea clara sobre el tipo de dieta más aconsejable en estos casos. Su principal argumento es que una dieta moderada en carbohidratos y rica en proteínas no es más efectiva que una dieta rica en carbohidratos para mejorar la sensibilidad de la insulina y el perfil metabólico o para adelgazar en los adolescentes con sobrepeso y prediabetes.

Evitar que la prediabetes y la resistencia clínica a la insulina se transformen en diabetes tipo 2 es clave para reducir la morbilidad y aumentar la expectativa y la calidad de vida de los adolescentes, según publican los autores del estudio en Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism.

El estudio RESIST incluyó a 111 niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad de entre 10 y 17 años, con prediabetes tipo 2, según la definición de la Asociación Americana de Diabetes, y/o indicadores clínicos de resistencia a la insulina.

El estudio duró seis meses. Al inicio del estudio, los participantes comenzaron a utilizar metformina (250 mg dos veces por día durante dos semanas, seguido de 500 mg dos veces por día) y, aleatoriamente, una de dos dietas estructuradas.

Una dieta era rica en carbohidratos y reducida en grasa, con un 55-60 por ciento de las calorías totales provenientes de los carbohidratos (carga glucémica moderada), un 30 por ciento de grasa (10 por ciento de grasa saturada) y 15 por ciento de proteína.

La segunda dieta era moderada en carbohidratos y rica en proteína, con un 40-45 por ciento de las calorías totales derivadas de los carbohidratos (carga glucémica moderada), 30 por ciento de grasa (10 por ciento de grasa saturada) y 25-30 por ciento de proteína.

dieta adolescentes

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Se utilizaron dos rangos calóricos distintos, según la edad: 6000-7000 kJ (10-14 años) o 7000-8000 kJ (15-17 años). “Las dietas aportan aproximadamente unas 2000 kJ menos que el consumo calórico recomendado para la adolescencia, teniendo en cuenta un peso promedio (de referencia) y un nivel de actividad física entre el sedentarismo y poca cantidad de ejercicio”, precisan los autores.

A los tres meses, todos los participantes comenzaron un programa de ejercicio supervisado durante por lo menos 45 minutos, dos veces por semana, durante 12 semanas. De los 111 participantes, 98 finalizaron el estudio de seis meses. Los resultados incluyeron la evaluación de la sensibilidad a la insulina, la antropometría y el perfil cardiometabólico.

El resultado clave fue que a los seis meses, ambos grupos habían adelgazado y tenían una mayor sensibilidad a la insulina, aunque las dietas no tuvieron un efecto diferencial en los resultados evaluados en distintos momentos del estudio.

Este es, hasta la fecha, el primer estudio de estas características según los investigadores.

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